Mariana Redi, jugadora de Las Lobas: “El básquet cambió mi vida”

Nació sin la parte de una pierna y le faltan falanges en ambas manos, pero eso no frenó su espíritu deportivo. El básquet la ayudó a aceptarse y no frenó hasta cumplir su sueño: representar al país.

Mariana Redi no pudo desarrollar correctamente algunas de sus extremidades durante su gestación, pero nada le impidió disfrutar de una formación ligada al deporte, la pasión que heredó de sus padres, ambos profesores de educación física. Aún con sus condiciones prenatales, logró desarrollarse en más de diez disciplinas deportivas tradicionales, hasta encontrar la que la llevó a aceptarse, cumplir sus sueños y ser feliz.

La actual jugadora de SICA y Las Lobas, la Selección femenina de básquet en silla de ruedas, le contó a Prensa CAB su historia de superación y aceptación desde la infancia. Su encuentro con el deporte que cambió la vida para siempre. Hoy, además, se desenvuelve como actriz y modelo, aunque sus mayores sueños los persigue empujando la silla y picando una pelota. “Quiero jugar en la liga europea. Con la Selección, mi sueño es ganar una medalla dorada. Yo no me voy a morir sin esa medalla con Argentina”, contó Redi.

-¿Cuál es tu discapacidad y cuándo te sucedió? ¿De qué forma convivís con ella?
-Mi discapacidad es de nacimiento. Me falta parte de la pierna derecha y de las falanges de ambas manos. Esto fue producto de unas bridas amnióticas que tuve cuando estuve en la panza de mi mamá que no permitieron el correcto crecimiento de todas mis extremidades. Como mis dos papás son licenciados en actividad física y deporte, son profes de educación física, siempre estuve muy ligada al deporte. Los acompañaba a dar clases, por ejemplo. Ellos me contagiaron esa pasión desde chiquita. El deporte también me ayudó con la estimulación y la motricidad de mis piernas y manos, sobre todo, que al tener pocos dedos en ellas todo se me complica, desde abrir una botella hasta picar una pelota, así que el básquet me ayudó muchísimo. Empecé a hacer deporte a los dos años, con equitación. Después pasé por gimnasia artística, natación, patín y vóley. En los últimos dos competía. En el colegio era una kamikaze total: hacía softbol, handball, hockey, quemado, todas esas cosas. Me sumaba a todo lo que había. Siendo más grande aprendí a esquiar y bucear. Recién a los 24 años aparece el básquet en mi vida, bastante de casualidad. Me encantaría haberlo encontrado antes.

-Lidiaste muy bien con tu discapacidad, por lo que contás. Creciste haciendo todo tipo de deportes. ¿Ayudó el apoyo de tus padres y su profesión?
-Es clave el apoyo y la motivación que brinda la familia desde el primer momento. En nuestra sociedad falta información sobre lo que son las discapacidades. Por ahí ven a alguien que le falta un dedo y creen que no puede tirar al aro. Existen deportes adaptados para personas que casi no se pueden mover, pero son capaces de representar al país en alguna actividad. Esa falta de información produce un efecto dominó y hace que muchas personas con discapacidad no sepan lo que son capaces de hacer. Mismo los padres o quienes están a cargo de ellos, que siempre quieren dar una mano pero a veces no saben estas cosas. A muchos chicos o chicas con discapacidad los tienen como una burbujita de cristal, como si fueran diferentes, y somos lo mismo. Quizá tengas que ayudar a que alguien en silla de ruedas alcance algo que está muy arriba, pero quédate tranquilo que si no lo ayudás, esa persona se las va a ingeniar para alcanzarlo igual. Es una rueda que se hace muy difícil de frenar. Por eso nos cuesta conseguir sponsors, salir en la tele o lograr los objetivos de las entidades que nos dan becas. Después nos toca competir contra Estados Unidos, ponele, que lleva a las mejores 12 de 5000 chicas que practican, mientras que acá somos 12 de 30. En otros países no se tienen que andar preocupando por la cancha o las sillas, sólo se dedican a jugar. Por eso creo que todo lo que logramos los deportistas adaptados de este país tiene un valor agregado.

-Contaste que conociste el básquet adaptado a los 24 años. ¿Cómo llegaste?
-En 2016 comencé a trabajar en una colonia para personas con discapacidad, que funciona en el Centro Nacional de Rehabilitación. Más para fin de año, uno de los coordinadores, que conocía al entrenador de la Selección Argentina, Carlos Cardarelli, le comentó que conocía a una chica que le falta una pierna y que estaría apta para jugar al básquet. Al tiempo nos presentaron y ellos me invitaron a probar. Dije que sí sin dudarlo. El básquet me gustó toda la vida pero nunca pensé que iba a jugarlo. En mi casa siempre hubo aro de básquet y todo tipo de pelotas, pero nunca me plantee hacerlo porque es mucho el recorrido que hay que trasladarse y me podía doler la pierna que no tengo desarrollada. Cuando me dijeron que podía practicarlo y mis discapacidades no serían un problema no dudé en ponerme con todo.

-¿Cuándo fue que empezaste y qué es lo que te llevó a quedarte con el básquet adaptado?
-Ya hace cuatro años que empecé a jugar al básquet, tres si no contamos la pandemia que el año pasado me impidió entrenar como acostumbraba. Igual adelanté muchísimo porque desde el primer momento en que supe que podía representar a mi país, que es lo más alto a lo que aspira cualquier deportista, me ilusioné. Ese es un tren que no suele pasar más de una vez. Además, me encontré con esa oportunidad a los 24 años, que ya es una edad avanzada para empezar un deporte. Desde el minuto uno me puse a averiguar las canchas y los días libres que tenía para practicar. Me acordaba de los ejercicios que mis entrenadores me iban dando y también me ayudaban mis viejos y amigos suyos que son entrenadores con otros ejercicios. Esos primeros tres años vivía adentro de la cancha.

-¿Habías usado una silla de ruedas antes de hacer básquet? Dicen que al principio es complicado. Hace un tiempo los jugadores y jugadoras de Liga los visitaron y vimos que no es nada fácil adaptarse a una, incluso para quienes llevan años jugando al básquet.
-Jamás me había sentado en una silla de ruedas, mucho menos deportivamente. Creo que en nuestra disciplina es lo más difícil de todo. La silla tiene que llegar a ser una prolongación de tu cuerpo. Es con lo que nos trasladamos y es esencial controlarla. Es fundamental tener una que se adapte a uno, sería como las zapatillas para los jugadores de básquet. Tienen que ser a medida para que uno pueda jugar bien y que la silla se mueva con vos. Dependiendo de la discapacidad puede que tengas que moverla con las caderas. También es un impedimento para muchos. Estamos hablando de sillas que cuestan alrededor de $100.000 y que hay que cuidarlas y mantenerlas. No todos cuentan con ese dinero. Nosotros nos ingeniamos como podemos para tenerlas. No debería ser así, pero la pasión que tenemos hacia el deporte y todo lo que nos suma a nuestras vidas nos lleva a seguir moviéndonos. Si no hay sillas, de alguna forma las conseguimos. Yo antes de conseguir mi propia silla pase por algunas que eran muy chicas, bajas o altas, pero seguí entrenando a full, pensando en que cuando tenga la mía habré desarrollado más destreza, y con el tiempo lo logré. No es nada fácil, pero con constancia se logra.

-Ya entrando en tu carrera. ¿Dónde empezaste jugando y cómo llegaste a la Selección?
-Empecé jugando en River. Eran las primeras veces que jugaba y manejaba una silla de ruedas. River fue el club que me recibió y me permitió aprender muchas cosas. Siempre les voy a estar agradecida porque es fundamental tener club para llegar a una preselección y ahí me abrieron las puertas de todo. Lamentablemente el equipo se disolvió, pero tuve la posibilidad de ir a SICA, que desde que arranqué y comencé a conocer los equipos quería estar ahí porque es de los mejores equipos de Argentina. De hecho han sido campeones y subcampeones varias veces. Además de ser muy buenos deportivamente también tienen muy buen personal humano, desde los técnicos, el staff, hasta mis compañeros. Hoy en día sigo en SICA y siento que somos como una gran familia. La mayoría son de Córdoba (de donde es el club) pero siempre estamos en contacto e intento viajar todas las veces que puedo para que entrenemos juntos y nos entendamos mejor en la cancha. Siempre me ayudan a mejorar y me dan una mano si no tengo dónde quedarme cuando voy.

-¿Cómo era tu vida antes de conocer el básquet?
-A mí siempre me gustó todo lo que es deporte, idiomas y arte en general. Me gustan muchas cosas y eso es un problema también a la hora de elegir una profesión. Siempre me gustó mucho el deporte, pero nunca imaginé que iba a llegar a representar a mi país. Recuerdo ver los Juegos Olímpicos y pensar “wow, que hermoso estar ahí”, pero nunca pensé que iba a tener la posibilidad de jugar para un equipo argentino. En ningún deporte convencional iba a poder competir porque estaría en desventaja total. Una vez que terminé la secundaria pasé por varias carreras: hice un año de comercio internacional, un cuatrimestre de diseño de interiores y después arranqué con diseño multimedial, que es lo que más se acomodaba a lo que me gustaba. Cuando estaba estudiando apareció el básquet y me cambió la vida. Sentía que no había tiempo para otra cosa que no sea entrenar, porque yo quería representar a mi país, vestir esa camiseta y escuchar el himno en la cancha. Iba a la facultad, el profesor hablaba y yo lo único que hacía era pensar en jugadas de básquet. En ese momento me puse a reflexionar sobre lo que quiero hacer y me decidí meterle 100% al básquet y estudiar en otro momento. La verdad no me arrepiento de esa decisión porque tuvo su recompensa. Por otro lado, en lo que se refiere al arte, me involucré en la actuación. Estuve en una serie de Disney Channel que se llama “Bia”, hice una publicidad en la que soy protagonista, pero no puedo decir nada porque todavía no salió, y hace poco hice otra para Sancor Seguros. Juego un poco a ser actriz y modelo. He hecho fotos para algunas marcas de ropa. La verdad que me está yendo muy bien y no es poca cosa.

-¿Dirías que cambió tu vida el básquet?
-Hasta que llegó el básquet a mi vida el tema de la discapacidad era algo que no me dejaba disfrutar de lo que hacía o lo que era capaz de hacer, era algo que me molestaba mucho. El básquet me ayudó a aceptarme y a ser feliz. Por eso siempre voy a estar agradecida con mis entrenadores y compañeras que me han enseñado y ayudado a verme de otra manera. Gracias a todos ellos es que pude liberarme un poco de todo lo que es la discapacidad, y sé que a muchas de mis compañeras les pasó igual. La vida es una sola, y si te la pasas renegando de vos la vas a pasar mal. Mirá todo lo que pudimos hacer una vez que nos aceptamos. Nos está yendo excelente. Tuve este beneficio secundario, por decirlo así, de poder representar a la Argentina en un deporte que amo. Cuando en una publicidad necesitan a alguien que le falta una pierna me llaman a mí. ¿Entendés? Soy feliz. El básquet me cambió la vida.

-Hablás mucho de lo que significa para vos defender los colores de tu país. ¿Cómo fue el momento en que alcanzaste ese sueño?
-Cuando empecé a entrenar creí que iba a tardar varios años en integrar una concentración. Pero claro, en el deporte adaptado no son los mismos tiempos, ya que hay menos deportistas en general. Más o menos al mes de haber empezado me llama un entrenador para convocarme a una concentración y yo no podía creerlo, no daba más de la sorpresa. Fue increíble, las chicas me recibieron muy bien. Lo único raro fue que no entendían cuál era mi discapacidad porque cuando me vieron entrar estaba de pie, con un jogging, y yo camino lo más bien con la prótesis. Pero nada, me recibieron de la mejor manera, me tuvieron paciencia y me ayudaron un montón. Me tocó entrenar con chicas que llevaban más de ocho años jugando y yo recién arrancaba. Después, más o menos a los cinco meses de haber comenzado, dan la lista de las 12 que iban al Sudamericano de Lima, en 2017, y cuando me nombraron fue una sorpresa enorme. Me largué a llorar y no me daban las manos para llamar a mis amigos y mi familia para contarles. No daba más de la alegría. Ni te cuento cuando me llegaron las camisetas con mi apellido y mi número (el ocho) que hoy en día lo tengo tatuado. Ese fue mi primer torneo. No puedo describir la emoción de estar escuchando el himno adentro de la cancha. Sentís que tenés a todos tus seres queridos y a todo un país atrás tuyo. De a poco me fui ganando minutos, a medida que pasaron los torneos, hasta hoy que he llegado a jugar 40 minutos, y la verdad que es un montón. El deporte de alto rendimiento te lleva a hacer cosas que no tenés idea que podés hacer. Juegan mucho las emociones y la tolerancia al error. Uno sabe que puede haber un rival fuerte del otro lado, pero por algo te rompes el alma entrenando. ¿Por qué no ganarle a los mejores? Esto es un deporte, todo es posible.

-¿Cómo es la actualidad de las Lobas? Dentro de unos meses jugarán el Sudamericano, posiblemente en Buenos Aires.
-Sí, aparentemente se jugaría entre octubre y noviembre en Buenos Aires, pero todo depende de la pandemia. Ojalá se dé y que todo el mundo esté vacunado para que pueda ir mucha gente a alentarnos. Sería una locura que puedan ir todas nuestras familias y amigos. Igual mi papá y mi hermana son dos locos que han viajado varias veces a verme, incluso a Alemania, al Mundial. A donde vaya sé que van a ir, pero la verdad que contar con el aliento de todos nuestros seres queridos en Buenos Aires sería hermoso. Si no les ganamos por el doble de puntos les ganamos por la hinchada. No hay que subestimar nunca al rival, pero ya nos hemos medido con varios equipos de Sudamérica como Chile, Colombia, Perú y la verdad es que estamos muy bien. Mucho mejor que otros años. Nuestro objetivo sigue siendo ganarle a Brasil. Sea cuando sea el Sudamericano, nos vamos a seguir preparando a full, con la cabeza en que el torneo empieza mañana y dejando todo en cada entrenamiento. Yo creo que tenemos muy buenas posibilidades de ser campeonas y tener a toda nuestra gente es algo que tiene que sumar.

-Yendo a tu futuro, ¿qué sueños te quedan por cumplir en lo que respecta al básquet y fuera del deporte?
-Uno de mis sueños es jugar en la liga europea, que es profesional y es como una universidad del básquet. Tengo el honor de compartir equipo con tres compañeras muy amigas mías que han podido irse afuera y yo apunto a eso. Hace dos años tuve una posibilidad de irme al exterior. Uno puede esperar a que las cosas sucedan o puede moverse para que pasen. Estuve mandando videos junto con una amiga a varios equipos y uno de ellos se interesó. Fue una gran alegría porque no hace mucho que juego al básquet, eso me hace pensar en que estoy haciendo algo bien. También me ayudaron las referencias de amigos que están afuera hace mucho tiempo. Lamentablemente no se pudo dar, porque la temporada la empezaban cuando nosotros todavía estábamos en Lima, pero bueno, me hizo darme cuenta que no estoy tan lejos de cumplir esa meta. Con la Selección, mi sueño es ganar una medalla dorada. Yo no me voy a morir sin esa medalla con Argentina. Y ya que estamos soñando, que sea la de una Copa del Mundo. ¿Por qué no? Por otra parte, yéndome al arte, sigo averiguando cuál es la carrera que más se acerca a lo que me gusta. He pensado en empezar a estudiar dirección de arte. Estudiar es algo que quiero hacer sí o sí. En su momento hice el nivel uno del curso de entrenadora de básquet, no sólo por si quiero dirigir a algún equipo o escuelita, sino también por el conocimiento que me aporta como jugadora.

Básquet Adaptado: Si querés practicarlo en la modalidad femenina, comunicate a la siguiente casilla de correo que te podrán guiar: carloscardarelli@hotmail.com

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